Resumen - Por qué más es menos, de Barry Schwartz - pl

 

Lo más importante que debes aplicar del libro Por qué más es menos, de Barry Schwartz

Después de revisar el libro, especialmente el capítulo 11, «Cómo enfrentarnos a la libertad de elegir»,  hay una enseñanza que destaca sobre todas las demás:

Tienes que aprender a tomar decisiones suficientemente buenas, sin necesitar estar seguro de que has elegido la mejor opción posible.

Barry Schwartz explica que intentar conseguir siempre la mejor alternativa puede llevarnos a dedicar demasiado tiempo a elegir, sentir ansiedad, arrepentirnos y disfrutar menos de lo que finalmente hemos elegido.

Pero lo importante no es solamente decidir más rápido. Es cambiar nuestra manera de relacionarnos con las decisiones, antes, durante y después de elegir.


1. Deja de buscar la mejor opción. Busca una suficientemente buena.

La enseñanza más importante

Schwartz distingue entre dos maneras de decidir:

  • Maximizador: busca la mejor alternativa posible. Sigue comparando porque piensa que puede existir algo mejor.

  • Satisfactor: establece unas condiciones que considera importantes y, cuando encuentra una alternativa que las cumple, la elige y deja de buscar.

Ser satisfactor no significa conformarse con cualquier cosa. Significa tener unos criterios exigentes, pero saber detenerse.

Cómo aplicarlo

Imagina que quieres decidir qué hacer el sábado y tienes cuatro posibilidades: ir a la playa, visitar una ciudad, ir a un camping o ver paisajes de montaña.

En lugar de preguntarte:

«¿Cuál de estos cuatro planes será el mejor?»

Hazte estas preguntas:

  1. ¿Qué quiero conseguir? Por ejemplo, salir de la rutina y disfrutar de unas vistas bonitas.

  2. ¿Qué condiciones debe cumplir? Que el desplazamiento sea razonable, que el presupuesto me encaje y que no resulte agotador.

  3. ¿Hay algún plan que cumpla esas condiciones?

Si lo hay, elígelo y termina la búsqueda.

No necesitas demostrar que es mejor que los demás.

La nueva norma que te propongo es:

No necesito elegir el mejor plan posible. Necesito elegir un plan que merezca la pena.

Esta distinción es fundamental porque puedes haber elegido un plan estupendo y, sin embargo, sentirte mal al pensar que había otro todavía mejor.

2. Limita el número de opciones y el tiempo que dedicas a decidir

Este es uno de los consejos más prácticos del capítulo 11.

Schwartz propone establecer restricciones voluntarias. Por ejemplo, decidir de antemano que solo vas a considerar dos destinos para unas vacaciones.

La finalidad es evitar que una decisión se convierta en una búsqueda interminable.

Cómo aplicarlo

Te propongo unas reglas iniciales para probar:

Tipo de decisión

Regla práctica

Qué hacer esta tarde

Máximo 2 alternativas y 10 minutos para elegir

Qué hacer el fin de semana

Máximo 3 alternativas y 20 minutos

Elegir un producto sencillo

Comparar 2 o 3 productos

Buscar información en Google

Fijar una pregunta concreta y un límite de tiempo

Decisiones importantes

Dedicarles más tiempo, según sus riesgos y consecuencias

Estos tiempos son una adaptación práctica que te propongo, no cifras establecidas por Schwartz.

Ejemplo: Quieres hacer una excursión.

Empiezas mirando una playa. Después descubres un pueblo bonito. Luego buscas montañas. Después un camping. Finalmente has estado dos horas buscando y no has salido de casa.

Con la nueva regla, cuando encuentres un destino que cumple tus condiciones, terminas la búsqueda.

La dificultad está en aceptar que puede existir un destino mejor que no has investigado.

Y eso nos lleva al siguiente principio.

3. Una vez elegida una opción, deja de compararla con las demás

Schwartz dedica buena parte del libro al arrepentimiento y al coste de oportunidad.

Explica que después de elegir solemos imaginarnos lo que habríamos ganado con las alternativas descartadas.

Por ejemplo, decides ir a la playa y, al llegar a casa, descubres fotografías espectaculares de una montaña a la que también podrías haber ido.

Entonces piensas:

«He elegido mal. Habría disfrutado mucho más si hubiera ido a la montaña».

Pero hay un problema: estás comparando la experiencia real de la playa con una versión imaginada e idealizada de la montaña.

No sabes cómo habría salido realmente el otro plan.

Cómo aplicarlo

Cuando hayas tomado una decisión razonable, considera cerrada la comparación.

Si después aparece el pensamiento «quizá la otra alternativa era mejor», puedes responderte:

Es posible que la otra opción hubiera sido mejor. Pero eso no significa que haya tomado una mala decisión. No necesito comprobarlo.

No se trata de convencerte de que elegiste la mejor opción. Se trata de dejar de exigir esa certeza.

Para las decisiones cotidianas y de bajo riesgo, evita volver a buscar alternativas una vez que has elegido. En decisiones importantes, sí conviene revisar la elección cuando aparezca información nueva y relevante.

Este principio está especialmente relacionado con los apartados del libro «Arrepentirse menos» y «Tomar decisiones irreversibles» (páginas 243-247).

la paradoja de la eleccion - por-que-mas-es-menos-by-barry-schwartz-.pdf

4. Aprende a aceptar que elegir algo significa renunciar a otras cosas

Este principio también es fundamental.

Supongamos que tienes tres horas libres. Puedes pasear, ir al cine o hacer una excursión.

Hagas lo que hagas, estarás renunciando a las otras dos posibilidades.

El problema aparece cuando interpretas esa renuncia como una pérdida que deberías haber evitado.

No es posible aprovechar simultáneamente todas las oportunidades.

Cómo aplicarlo

Antes de decidir, acepta que cualquier alternativa tendrá ventajas e inconvenientes.

Por ejemplo:

«Si voy a la playa, perderé la oportunidad de hacer una excursión a la montaña. Pero si voy a la montaña, también perderé la oportunidad de disfrutar de la playa».

Por tanto, no necesitas encontrar una alternativa que reúna todas las ventajas de las demás.

Una vez elegida, intenta dedicar tu atención a lo que puedes disfrutar o aprovechar de ella, en lugar de seguir calculando lo que pierdes.

El coste de pensar continuamente en las oportunidades perdidas es que puedes terminar desaprovechando la oportunidad que sí has elegido.

5. Reduce las expectativas sobre lo que vas a conseguir

Schwartz explica que una experiencia puede decepcionarnos cuando nuestras expectativas son excesivamente elevadas.

Imagina que llevas varios días preparando una excursión a un paisaje espectacular.

Has mirado fotografías, vídeos, opiniones y distintas rutas.

Empiezas a imaginar un día extraordinario.

Pero cuando llegas, el paisaje no te impresiona tanto como esperabas, hace frío o hay demasiada gente.

Tu decepción puede ser mayor precisamente porque habías construido unas expectativas enormes.

Cómo aplicarlo

En lugar de pensar:

«Tengo que encontrar un plan espectacular para que merezca la pena salir».

Prueba esta idea:

Voy a hacer algo que me apetezca. Puede ser un día agradable, normal o incluso un poco decepcionante. No necesito que sea extraordinario.

Esto también implica dejar espacio para las sorpresas agradables.

No necesitas optimizar constantemente tu ocio para disfrutarlo.

Es una aplicación del apartado «Controlar las expectativas», donde Schwartz recomienda reducir las alternativas, abandonar la maximización y permitir que aparezcan satisfacciones inesperadas.

la paradoja de la eleccion - por-que-mas-es-menos-by-barry-schwartz-.pdf

6. No dediques el mismo esfuerzo a todas las decisiones

Hay una idea especialmente interesante en el libro: para poder pensar bien en lo que realmente importa, necesitamos simplificar muchas otras decisiones.

No todas las elecciones merecen nuestra atención.

Decidir qué podcast escuchar durante un paseo no debería consumir una energía parecida a la de elegir un tratamiento médico o una reforma importante de seguridad.

Cómo aplicarlo a tu vida

para las búsquedas de información en Google y la organización de tareas.

Con Google: antes de buscar, identifica qué información necesitas para actuar. Cuando la hayas encontrado y sea suficientemente fiable, deja de investigar. No abras diez artículos adicionales solo para sentir más seguridad.

Con las tareas: evita convertir cada tarea sencilla en un proyecto de comparación, planificación y análisis. Muchas veces, una forma razonable de hacerla es suficiente.

Con las decisiones realmente importantes: dedica el esfuerzo que corresponda, pide asesoramiento especializado cuando proceda y establece criterios adecuados a los riesgos.

No se trata de pensar poco en todo. Se trata de pensar menos en lo secundario para poder dedicar más atención a lo importante.

7. Aprende a valorar lo bueno de la opción que has elegido

Schwartz recomienda practicar la gratitud. En concreto, propone escribir cinco cosas del día por las que sentirse agradecido.

La idea no es ignorar lo malo, sino corregir nuestra tendencia a fijarnos únicamente en aquello que podría haber sido mejor.

Cómo aplicarlo

Imagina que has decidido visitar un pueblo y la excursión no ha sido tan interesante como esperabas.

En lugar de dedicar la tarde a pensar en el destino que descartaste, puedes preguntarte:

«¿Ha tenido algún aspecto positivo esta experiencia?».

Quizá has visto un paisaje bonito, has paseado por un sitio diferente o has descubierto una carretera agradable.

Puedes reconocer esos aspectos sin tener que convencerte de que el día ha sido maravilloso.

También conviene aceptar que hay experiencias que realmente salen mal. El objetivo no es forzar una valoración positiva, sino evaluarlas con más equilibrio.

El método práctico que te aconsejo utilizar a partir de ahora

He convertido las enseñanzas del libro en un procedimiento de cinco fases. Es una adaptación para que puedas utilizarlo en las decisiones cotidianas.

Tu protocolo para tomar decisiones

Guía para practicar en una decisión real


Reiniciar para otra decisión

Lo que considero más importante de todo: aprender a tolerar que podrías haberte equivocado

Aquí voy un poco más allá del libro para explicarte cómo practicarlo.

Cuando una persona quiere encontrar siempre la mejor opción, puede pensar que necesita más información, más comparaciones o más tiempo para conseguir la tranquilidad de haber elegido correctamente.

Pero muchas veces, aunque encuentre más información, la duda vuelve a aparecer.

Por eso, no basta con aprender a elegir. También hay que practicar el hecho de no seguir investigando cuando no existe una razón suficiente para hacerlo.

Un ejemplo muy concreto:

Has elegido ir a un pueblo a pasar la tarde. Después empiezas a pensar que quizá habría sido mejor ir a la playa.

En lugar de volver a Google para comprobarlo, continúa con tu plan, aunque durante un rato sigas sintiendo incertidumbre.

El objetivo no es eliminar inmediatamente la duda, sino aprender a actuar sin tener que resolverla por completo.

Esto es especialmente útil para las decisiones de poca importancia. Si esta necesidad de comprobar y reconsiderar te genera mucho malestar, también es algo que puede trabajarse en terapia.

Mi conclusión: qué tres cosas priorizaría durante el próximo mes

Si intentas aplicar simultáneamente las diez recomendaciones del capítulo 11, puedes terminar convirtiendo el libro en otra tarea complicada.

Quizás empezaría solamente con estas tres:

Buscar algo suficientemente bueno, no lo mejor.

En cada decisión sencilla, define qué necesitas y deja de buscar cuando lo encuentres.

Poner límites a las búsquedas y comparaciones.

Determina cuánto tiempo y cuántas opciones considerarás antes de empezar.

No reabrir continuamente las decisiones.

Una vez elegido un plan razonable, dedicar la atención a vivirlo y no a investigar si había otro mejor.

Para saber si estás progresando, no mediría cuántas decisiones perfectas has tomado. Mediría si dedicas menos tiempo a comparar, consigues hacer más cosas y pasas menos tiempo lamentando las alternativas descartadas.

La frase que me gustaría que te quedaras del libro es esta:

Una buena decisión no tiene que ser la mejor decisión posible. Y una decisión no se vuelve mala simplemente porque existiera otra alternativa mejor.

Si consigues interiorizar esto y practicarlo de manera habitual, probablemente estarás aprovechando una de las enseñanzas más valiosas de Barry Schwartz. 

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